Redes 2.0. El ágora ya no es la plaza.

El ágora es el espacio de lo privado-público. A diferencia de la "ecclesia", que para los griegos representaba lo puramente público, y del "oicos", el hogar, el ágora - originalmente la plaza del mercado - constituye el ámbito del diálogo social, el punto de encuentro en el que se ejercita y se construye la ciudadanía.

Quizás el ágora sea, en la modernidad avanzada, el más paradojal y contradictorio de los experimentos humanos. Al mismo tiempo transparente hasta la obscenidad y opaco hasta la más negra de las soledades, el ágora contemporánea alega promover lo colectivo pero confirma y profundiza el individualismo más cerril y desasosegado.

Del intercambio múltiple, del diálogo, del debate de ideas y pasiones, sólo parece mantenerse en pie como actividad social primaria el consumo. Consumo de bienes y servicios, pero también de vínculos, relaciones y sensaciones, casi siempre superfluos y desechables.

Como los medios de comunicación tomados en su prosaica dimensión de herramientas o soportes, las redes sociales son también porciones de la "plaza". Como su nombre lo indica, son plataformas vacías; sólo el tránsito de lo humano les otorga sentidos y significados.

Pero, a diferencia de los medios, las redes carecen en principio de "dueños" que les impriman una representación de ideologías e intereses. Aparecen como más horizontales e igualitarias. Heterárquicas. Si en esa horizontalidad de relaciones simétricas y carentes de "centro" o de núcleos de decisión reside su valor de oportunidad, entonces una buena pregunta sería de qué modo los usuarios se valen de esa oportunidad.

Muchos de esos usuarios se vienen mostrando capaces de sumarse a la creación de sentidos colectivos. Primero, por afinidades electivas. Más tarde, por la promoción de debates que en los medios clásicos suelen tener un epacio marginal.

Al mismo tiempo, otros usuarios no hacen otra cosa que repetir y amplificar su desespero, creyendo tal vez que una suma infinita de soledades genera un colectivo nuevo o un espacio de cambio. Ambos formatos, y la mezcla de ellos, le van dando a la red un colorido múltiple y contradictorio, donde aún domina el intercambio "crudo", sin elaboración, como si en cada espacio de Facebook , Myspace, Twitter u otra red se replicara la inconclusa discusión en una esquina o en un taxi: Una serie de afirmaciones yuxtapuestas e inconexas. Desde luego, no es éste un problema primario de las redes, sino que las redes se hacen eco de la calidad real de nuestro diálogo social.

En Facebook y sus análogos "hay de todo" del mismo modo como en la sociedad "hay de todo". Lo que no hay en Facebook, lo sabemos bien, son los millones de seres humanos excluidos, que no sólo carecen de computadora y conexión a internet, sino también de techo, comida y vacunas.

Pensar las redes sociales es una muy interesante propuesta de laboratorio. Usar las redes para pensar podría ser un desafío práctico aún más interesante. Pensar, especialmente, qué podemos hacer para recuperar ciudadanía, algo que tenemos en común nosotros, los más afortunados, con los otros, los más desposeídos: Todos estamos privados de ciudadanía en algún grado.

No es posible pensar una gesta liberadora o, como diría Morin, "una política del hombre", por fuera de las nuevas herramientas de comunicación e interconexión, y efectivamente las redes ya han demostrado su capacidad de movilización.

Lo que, a mi juicio, sigue pendiente de debate son los modos discursivos que posibiliten el salto de calidad, de una mera yuxtaposición de afirmaciones intuitivas a una elaboración de diagnósticos, propuestas y también modelos de intervención (que es la palabra que mejor define la acción)

La red 2.0 puede ser una herramienta portentosa, siempre y cuando seamos extremadamente críticos con ella., para prevenir que se convierta en la versión web de Big Brother. Y ése es un lugar donde no quiero estar.

11/9 La vuelta de una tuerca sin fin

Quise desarchivar esto que escribí la misma tarde del 11 de septiembre de 2001, y que luego fue publicado en un par de revistas de España y varios blogs en distintos lugares. No sabía entonces el carácter anticipatorio que tenían algunas de las ideas que esbocé en ese artículo.



MORIR MATANDO, UNA OPCION QUE AMENAZA NUESTRA VIDA Y DESMORONA NUESTRA LOGICA

"...el futuro de la especie será inviable mientras la mitad de la humanidad sólo pueda elegir entre diferentes formas de morir"



Los sentimientos de horror, estupor e indignación por los ataques a Nueva York y al Pentágono se tornan de algún modo inefables, de casi imposible descripción mediante la palabra. 

Al mismo tiempo, muchos de los adjetivos susceptibles de emplear para calificar el múltiple atentado sobran; especialmente aquéllos que remiten a nociones como insensatez o demencia. Porque, aún dentro de la angustia y el duelo, es imperativo tomar conciencia de que esta barbarie sí tiene un sentido, una racionalidad propia y un sistema de valores, intereses y representaciones que la construyen y sustentan.

El problema es que la mayoría de los modelos mentales que soportan la racionalidad de la cultura democrática moderna – preferimos no usar el término occidental por demasiado equívoco – son ineficaces para aprehender ese sentido: La falla de los sistemas de seguridad preventivos no sería, en este caso, tecnológica, sino más bien la consecuencia de nuestra imposibilidad de prever conductas regidas por otros códigos, por un discurso moral impenetrable, para el cual la destrucción y la muerte –especialmente de víctimas civiles no beligerantes – no aparecería como un acto punitivo sino, tal vez, como "un camino hacia el Bien".

Excede nuestro interés y nuestra idoneidad interpretar el Islam; en cambio, proponemos interrogarnos acerca de cómo 
dentro del Islam, en el último medio siglo, los excluidos y desheredados del mundo fueron conducidos a la construcción de un sentido de presunta redención. 

Cómo y cuándo los valores de la modernidad – libertad, igualdad, fraternidad – pasaron de no tener ningún sentido a tener el peor de ellos, es decir, aparecer como causa maldita del propio sufrimiento.

Cómo y cuándo los déspotas que expoliaron por siglos a sus súbditos, subordinándolos a una doble moral para construir poder y fortuna, urdieron la trama que transformó la obediencia en odio hacia los valores y emblemas de la sociedad abierta, es decir, hacia un enemigo externo, metropolitano, burgués y preferentemente blanco.

Cuánta responsabilidad tienen los líderes de esta sociedad, muchos de los cuales hoy se desgarran las vestiduras en nombre de la libertad y la democracia, por haber tolerado, fomentado y provocado que la mitad de la humanidad resultase empujada, por generaciones, muy lejos de la libertad y de la democracia.

El doctor Frankestein de esta horrible pesadilla tiene muchos rostros. No sólo el de Osama Bin Laden, el poderoso mercader de la Jihad que parece creer menos en la Guerra Santa que en sus mucho más prosaicos beneficios. No sólo el de los líderes israelíes que, en 1967, después de asestarle un durísimo golpe al delirio expansionista de Nasser, no supieron avizorar la oportunidad de retirarse a sus fronteras originales, para actuar como los promotores del desarrollo de sus vecinos y no como los gendarmes de occidente, como bien pensaba el asesinado Rabin. 

Están también los rostros secretos de la industria bélica, el negocio más poderoso del mundo, y los de sus nuevos socios del narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico electrónico de finanzas espurias.

La furia de los desheredados, elevada a la jerarquía de supuesto fuego sagrado, provee la lógica interna de la criminalidad terrorista: Su logística, sus comandos suicidas, su absoluto desapego a toda noción de respeto o misericordia por los inocentes, su saña expresamente dirigida a causar el mayor daño posible en el punto de mayor dolor. 

Pero no alcanza para entender el rol estratégico del terrorismo, la trama de intereses complejos y contradictorios a la cual son funcionales el odio y el fanatismo.

Nos excede también descifrar esa estrategia, pero no podemos negar su existencia. Los que ejecutaron la masacre muy probablemente la concibieron como un acto de venganza y purificación, un camino para encontrarse rápidamente en gracia con Alá. Pero los autores mediatos no planearon la matanza del 11 de septiembre como un fin en sí mismo, sino seguramente como un acto provocador de reacciones múltiples, variadas y combinables.

¿Cuántas y cuáles de esas reacciones nuestra racionalidad supuestamente avanzada permite concebir y legitimar? ¿Se trata de bombardear Kabul hasta reducirla a una playa de estacionamiento? ¿De expulsar a todos los musulmanes de Estados Unidos, o “internarlos” como se hizo en 1942 con los japoneses? ¿Incinerarlos en sus ciudades, como se hizo en 1945 en Hiroshima, cuyos 50 mil inmolados también eran civiles no beligerantes? 

¿O se trata de abandonar los beneficios de la sociedad abierta y establecer el estado de sitio perpetuo, la república policial invulnerable? ¿Nos produce envidia, acaso, que la libertad aparezca más frágil que la tiranía, que resulte más fácil bombardear Nueva York que Bagdad? ¿Nos sentiríamos más seguros si cada pieza de nuestro equipaje y vestimenta fuera minuciosamente escrutada en cada aeropuerto del mundo durante el resto de nuestras vidas? 

Y, por último pero no menos importante, ¿quiénes serán los tributarios de los pingües beneficios de la nueva guerra, ya sea ésta una confrontación expresa en el campo de batalla o el desenfreno por producir mayores y más sofisticados escudos de protección, requisa y alerta?

La supuesta custodia de nuestros bienes materiales y espirituales contra la “codicia” de los desheredados no sólo es cada vez más cara sino crecientemente ineficaz: Su punto de quiebre opera cuando el costo de la seguridad resulta mayor que el del patrimonio custodiado o, en otro plano, cuando el costo de la guerra es mayor que el valor material y estratégico del territorio en disputa, como ocurrió durante cuatro décadas en Africa, Indochina y otros puntos del globo. 

Mantener la concentración de los beneficios no es sólo inicuo, sino también suicida. Sabiamente, Leah Rabin dijo que el camino hacia la paz con los palestinos debía construirse con hospitales, escuelas y oportunidades que igualaran los niveles de vida entre los vecinos de uno y otro lado de la frontera.

Perseguir y neutralizar a los terroristas es una tarea por sí sola de enorme complejidad, que exige profundos cambios de visión para intentar decodificar lo que ocurre en la cabeza, no sólo de los líderes, sino también de sus socios e inversores ocasionales y, muy especialmente, de los hoy millares de hombres y mujeres cooptados por la furia redentora. Los controles aeroportuarios, los satélites espías y las expediciones punitivas sólo tienen un sentido táctico, o incluso ninguno, salvo para los proveedores de insumos.

Pero nada de esto alcanza, como no alcanzan la solidaridad activa con las víctimas ni la necesaria unidad internacional para enfrentar el flagelo terrorista; el futuro de la especie será inviable mientras la mitad de la humanidad sólo pueda elegir entre diferentes formas de morir. 

El peligro de que cada vez más personas elijan morir matando está resultando demasiado grande para nuestra pobre imaginación lineal y reactiva.

El futbolismo patológico, el general Santander y otros negocios redondos

1. Declaración preliminar

El fútbol es casi seguramente el más bello deporte de conjunto, el mejor espectáculo posible en una cancha y una pasión que atraviesa sin fronteras las naciones, las clases y los credos.

También es de una singularidad inusual.

Es un juego complejo; piensen solamente que un resultado promedio en fútbol anda entre los 0 y los 5 tantos por partido, mientras en el básquet – bellísimo también – se pueden marcar 170 puntos, lo que habla de la dificultad para llegar a la meta y abatirla. Es cierto que el fútbol tiene arquero o guardavalla o portero, pero también lo tienen las distintas variantes del hockey, el fútbol australiano y otros, pero sólo en el fútbol un partido con un resultado 1 a 0 puede ser una gloria llena de suspenso y adrenalina.

Es complejo asimismo por la antinatural exigencia física: La pelota se conduce con los pies y corriendo.

Pero es también, y al mismo tiempo, el único deporte complejo que puede jugar cualquiera, en cualquier espacio, con cualquier número de jugadores y usando cualquier objeto redondo. El fútbol se puede jugar en la vereda con un bollo de papel, con suéteres doblados en el suelo marcando los arcos.

Claro que no cualquiera llega a ser una estrella mundial de fútbol, pero lo curioso es que no requiere más talento que para ser músico, neurocirujano o astronauta, sino bastante menos.

Quien esto escribe tiene los pies redondos, como dicen en el barrio. Nunca cazó un fulbo, como dicen también. Paso a primera persona, porque la retórica de la tercera se la dejo a los jugadores, expertos en hablar de sí mismos como si fueran otro tipo. Nunca cacé un fulbo. Para mí correr con una pelota entre los pies es un milagro, lo que me inspira un alto respeto hacia quienes lo hacen con tanta naturalidad, respeto que no confundo con idolatría. Bueno, no siempre; me he babeado viendo jugar a Pelé y a Bochini, a veces a Maradona – aunque no lo quiero nada – y últimamente a Messi, que no termina de caerme bien, aunque eso a ustedes no tiene por qué importarles.

De adolescente incursioné brevemente en el rugby, por una sola razón: la pelota se lleva con la mano. Era lo único que me importaba. Era alto y me ponían de segunda línea. De grande, como no me gusta correr, me enamoré del golf – quizás el más bello de los deportes individuales - aunque nunca jugué bien. También me entusiasmé mucho, durante más tiempo, con el kung fu, pero eso no es un deporte, como bien decía el Maestro Chen.

Volvamos al fútbol. No sé jugar pero sé mirar. La mayoría de los futboladictos piensan que esto no es posible. Si tuvieran razón, debería saber tocar el piano para diferenciar a un Baremboim de un Gelber, o a un Oscar Peterson de un Príncipe Kalender, pongamos. O debería saber pintar para diferenciar un Picasso de un Greco o un Dégas, o a éstos de una supuesta “instalación” consistente en un gato trepado a una mesa.

Porque sé mirar, me animo a decir que el fútbol de hoy no me gusta una mierda. Veinte jugadores marcándose en cuatro metros cuadrados más que fútbol parece una cinchada. Pero eso no ocurre porque no sepan jugar – como dije más arriba, cualquiera que no sea un tronco como yo sabe jugar al fútbol – sino porque hay demasiado dinero involucrado. Saben jugar pero no “juegan” en el sentido estricto del término; se marcan, se matan, se desesperan, hay miles y millones de pesos haciendo presión.

Pasa también en el tenis, vieron? Por eso abusan de la “doble falta”. Para ajusticiar el contrario con “aces”. En la primera, apuntan; en la segunda matan. En las dos, gritan como si les arrancaran pelo púbico con una tenaza. No juegan. No hay voleas. Hay ejecuciones. Hay demasiada plata. Inventaron la cancha rápida, las raquetas tamaño Airbus; un juego de fuerza y velocidad. Hay que hacerse millonario en cinco o siete años o morir en el intento.

Pero no nos vayamos por los encordados.

Nadie
juega al fútbol. Solamente los brasileros juegan. Por plata o sin ella, ganando o perdiendo, juegan. Bailan. Se hamacan. Dan siempre un espectáculo. Por eso yo hincho por Brasil cuando quedamos afuera en los mundiales. Por ejemplo, en el mundial de Francia. Estaba rodeado de energúmenos que en la final hinchaban por Francia, porque Brasil era nuestro rival ¿Francia? ¿Desde cuando nos gusta el fútbol francés?, exclamaba yo. Bueno, pero yo soy un tipo raro. Soy hincha de Independiente, saben, pero no quiero que Racing se vaya al descenso. Y cuando Racing le ganó la Copa del Mundo al Celtic de Escocia celebré a los gritos; no hinchaba por los lejanos escoceses sino por los primos de Avellaneda. Así soy yo, por eso me dicen que no entiendo nada de fútbol.

Será por eso que no entiendo, tampoco, por qué carajo en un deporte que involucra millones de dólares, en una industria de contratos, transferencias, sponsors, televisación que mueve un volumen de negocios incalculable, los clubes están fundidos y en la Argentina de hoy no se puede iniciar el campeonato. Una empresa monopólica, con un enorme edificio propio entre las Catalinas y Puerto Madero, controla el espectáculo del fútbol y del periodismo deportivo - sí del espectáculo del periodismo deportivo, no del periodismo deportivo en general, aunque casi, se entiende - y factura billones, pero los clubes están fundidos.

Lo que me lleva a la segunda cuestión del título: El general Santander.

2. Los libertadores de América: San Martín, O’Higgins, Bolívar y Toyota.

El chiste no es mío sino del humorista gráfico Caloi. Hace unos años, cuando la Copa Libertadores de América cambió su patriótico nombre por el de Copa Toyota Libertadores, su personaje Clemente del diario Clarín de Buenos Aires preguntó: “Quién fue el general Toyota”.

Claro, eso pasa únicamente en nuestro desdichado subcontinente, reino de las desigualdades.

Veamos. El patrocinio privado del arte, el espectáculo y el deporte es bienvenido. Sin Coca Cola, una entrada para ver a los Rolling Stones podría costar 1.000 dólares. Pero no por eso la gira del grupo se llama “The Coca Cola Stones Tour”. Hay un límite; se compra el auspicio, no se compra el nombre propio; no se privatiza una institución cultural.

Tampoco es probable que un día visitemos París y nos encontremos con la “Tour Citroên Eiffel” o la iglesia de “Notre Dame de Peugeot”.

O que el British Museum pase a llamarse “British Lloyds Museum”. Ni la estatua de la Libertad pasaría a llamarse “The Liberty Manhattan Bank Statue”.

De hecho, la copa mundial de fútbol no se ha llamado, hasta ahora, Mater Card ni Quilmes ni Cinzano. El torneo de golf de Augusta se sigue llamando de Augusta, y la Copa Dunhill, bueno, fue creada ex profeso por Dunhill, no se la compraron a la Federación de Escocia.

Pero aquí no. Aquí, pese a los cientos de millones de dólares en juego, las asociaciones de fútbol, y lo clubes mismos, están tan fundidos que veden hasta los azulejos de los vestuarios. Y la Copa se llamó ayer Toyota, como el gigante automotor japonés, y hoy se llama Santander, como el gigante financiero español. El general Santander les ganó la guerra de la Independencia, 200 años después, a los Libertadores.

Los clubes están fundidos.

Pero hay cinco o seis listas peleando por la conducción del Club River Plate de Argentina. Y están gastando en la campaña casi tanta plata como en una campaña política nacional ¡Epa! ¡Qué generosos! ¿Todo ese esfuerzo por una tarea árida, sacrificada y ad honorem? Hmmm....Y en medio de ese derroche obsceno – miren las carteleras de Buenos Aires, si no me creen – el campeonato de mitad de año no puede empezar porque se les adeudan sueldos a los jugadores.

3. Cincuenta millones de dosis de rehidratación oral por mes (o más o menos)

La Pulga Messi va a cobrar en el Barza un millón de euros por mes. El Barza no está fundido y puede pagarlo. Si yo fuera español, el Barza sería el club de mis amores y me gustaría que Messi siguiera jugando allí, joder!

Pero hay algo inmoral en todo esto. Quiero decir, no es individualmente inmoral que Messi cobre ese despropósito; finalmente es un ídolo del fútbol y hay muchos que pagan muchísimo dinero y uno pocos que ganan muchísimo dinero –más que Messi, sí – con el negocio del fútbol. Lo inmoral aquí es más difuso. Hay muchas cosas que necesitan dinero y se dejan de hacer por falta de dinero; ergo, pagarle a un jugador de fútbol por mover las patas dos horas por semana el equivalente a 1.200 viviendas económicas por año es un despilfarro inmoral.

Sí, sí, la guerra es más cara. Muchísimo más. Pero ya sabíamos que la guerra es inmoral. No hay razón que legitime esa comparación. A menos que – como algunos piensan – el deporte se haya convertido en una prolongación de la guerra por otros medios.

Debe serlo, porque ahora los generales se llaman Gillete, Santander, Toyota y – en cualquier momento – Pfizer y Roche. Debe serlo, porque los altos mandos juegan al ajedrez mientras los soldados ponen el cuerpo. Y los giles, la plata de las entradas para que los matones, los "barras" cobardes mal llamados “barrabravas”, subsidiados por los altos mandos, nos rompan el cráneo mientras miramos el partido.

Bibi Netanyahu; entre sumas que restan y el misterio del laberinto. Por Carlos Braverman

Edgar Morín en su texto “Política para la Humanidad”, expresó lo paradójico que resulta observar ciertas contradicciones.
La política, dice éste, está consagrada a gestionar la vida y el desarrollo de los hombres y de los pueblos y a asegurar su progreso y logros.
Sin embargo, comenta, es en ella donde suelen decirse las más desacertadas expresiones y los actos más contradictorios con la naturaleza de ésta.
El caso que ofrece Bibi Netanyahu y la nueva formación gubernamental, parece aportar un buen ejemplo.
Netanyahu ha logrado un éxito sin precedentes en las matemáticas, ejecutar la sorprendente operación aritmética de las sumas que restan.
Ante la negativa de Livni, de conformar una coalición nacional, opta sin remedio por la constitución de un gabinete de derecha-derecha.
Este alineamiento resta categóricamente en el plano internacional, del que tanto depende Israel.
Ante la torva mirada de Washington frente a las declaraciones del entonces candidato a canciller, Avigdor Liberman, opositor radical a la fórmula de “dos estados para dos pueblos”, busca una salida avezada y continúan así, las sumas que restan.
Dispuesto a no terminar asfixiado por el abrazo del oso, que Liberman representa, comienza negociaciones secretas con Ehud Barak.
Este otro genial matemático, llega a lo inhallable, la cuadratura del círculo.
Para convencer a su formación de entrar en tan molesta coalición no son suficientes los cinco ministerios, a los que se hace acreedor, debe justificar estar en un gabinete supuestamente contrario a los postulados laboristas y con una hegemonía radicalmente derechista.
Argumenta haber llegado a las negociaciones con el propósito de defender La Conferencia de Annápolis y La Hoja de Ruta.
Justamente lo que en su discurso de toma de posesión del cargo, el ahora canciller Liberman, da por muerto, sin objeción del jefe del ejecutivo.
Los cálculos de Bibi, fueron equívocos, el glamour y la seducción de Barak, no fueron eficaces para embelesar a un Departamento de Estado enfurecido.
Clinton primero y luego el enviado especial George Mitchell, fueron claros, dos estados y el fin de los asentamientos en Cisjordania.
Obama mientras tanto, convoca a Charles Freeman, para ocupar la Dirección del Consejo Nacional de Inteligencia.
Político veterano con treinta años de experiencia, se enfrenta a las presiones de AIPAC 
(American Israel Public Affairs Committee), organismo que vela por los intereses de Israel en la zona.
Freeman sortea la presión de AIPAC, su visión no es de ayuda incondicional a Israel y el Comité tambalea. Las posiciones de Freeman no son la única causa.
AIPAC tiene ahora competidor, se llama “Street J” (Jewish), jóvenes de pulcra formación, muchos con posgrados en nuestras universidades, pertenecen al ala más progresista del Partido Demócrata.
Otro mérito no menor, acompañaron al entonces Senador Obama, desde el comienzo de su candidatura.
Lo hicieron frente a la evidencia del menor porcentaje en intención de voto, por parte de la población judía hacia un candidato demócrata: cincuenta y siete por ciento.
Marcado contraste con el superior al setenta por ciento que tuvo Carter y el mayor al ochenta por ciento de Bill Clinton.
Este nuevo grupo, con actividades semejantes a AIPAC, tiene una visión distinta, no incondicional a los gobiernos de turno en Israel.
Buscan la integridad y seguridad de Israel, pero son geopolíticamente pragmáticos y más proclives a atender la nueva orientación norteamericana en temas de su competencia.
Los aires también cambian en este sentido, son épocas de sorpresas.
Ante las vagas y no claras expresiones de Netanyahu sobre una “paz económica” con los palestinos y la negativa de pronunciarse por la existencia de dos estados, el presidente Obama aseguró que lo que Liberman da por muerto, para su país es un instrumento estratégico al que no renunciará.
El conflicto es ahora frontal, amenaza con ser no coyuntural, si Netanyahu continúa con sus posturas.
Encrucijada difícil, para alguien que conoce perfectamente los mecanismos del poder.
Netanyahu no puede aceptar los requisitos de Washington sin romper su coalición y por ahora Livni, no parece colaborar mucho.
La política geoestratégica de Washington no experimentará cambios, sí estilos, pero los intereses vitales seguirán firmes.
Tengamos en cuenta ciertas actitudes del nuevo presidente: las declaraciones en Turquía, Guantánamo, las apreciaciones sobre el Islam, etc.
Es necesario estabilizar el Oriente Próximo, pues el eje ya no está aquí, es sí vital en la cadena estratégica, por lo cual resulta fundamental disminuir ciertas hipótesis de conflicto, para lo cual son necesarios cambios concretos en la región.
En ese sentido la existencia de un Estado Palestino, resta presencia y espacio a actores como Hamas e Hizballah, artífices de conflictos de cuarta generación y carácter transnacional.
Permite además profundizar la puja con Irán, por el control del Golfo Pérsico y la hegemonía regional, que concentra sólo en Arabia Saudí, el veinticuatro por ciento de la reserva petrolera mundial.
Facilita también prever medidas a un futuro no muy lejano sobre la evolución del conflicto Iraquí, frente a una retirada que termine en una fragmentación territorial y la potencial presencia de un segundo estado Chií en la zona.
El papel Saudí en esto, es sumamente relevante, ya que frente a Irán en la lucha por la hegemonía regional, es el mejor posicionado.
En términos más específicos y ampliando el panorama de la geopolítica norteamericana, podemos decir que los puntos centrales son Irak y Afganistán. 
Los estrategas se preocupan por el espacio amplio de las hipótesis de conflicto futuras a nivel mundial y en ese sentido la lucha por los recursos vitales, domina el escenario.
El Pentágono prestigia los cinco comandos mundiales centralizados en el Central Command (Centcom) para proteger el petróleo del Golfo Pérsico y el más reciente Africa Command (Africom).
El Centcom, es creación de Reagan y responde a lo que se denomina el arco de conflictividad, que se despliega desde América del Sur, pasando por el norte de África, Oriente Medio, Asia Central hasta Indochina. 
La categorización, responde en términos geopolíticos, a las evaluaciones de inestabilidad de las zonas.
En la protección del Golfo Pérsico, tiene un papel fundamental el mismo Centcom y también el África Command (Africom).
Existen otros dispositivos operativos como:
.El Comando Europeo (USEUCOM), en Alemania.
.El Comando del Pacífico (USPACOM) situado en Hawai.
.El Comando del Sur (USSOUTHCOM) con centro en Miami. 
.El Comando del Norte (USNORTHCOM) en EEUU, con acción interna en todo su territorio.
Este dispositivo militar geoestratégico, cuenta con alrededor de mil bases alrededor del mundo.
Rusia es visualizada como una adversaria jerarquizada, pues busca dominar el transporte de energía, especialmente hacia Europa. 
Temen que su aumento en el control de la distribución del petróleo y del gas en Eurasia, debilite la influencia estadounidense en la región. 
La doctrina Carter, sostiene que los EE.UU. no pueden admitir que una potencia hostil obtenga en un momento dado, el control del flujo petrolífero en el Golfo Pérsico.
Así se entiende el despliegue militar en Irak y Afganistán, como el traslado de fuerzas de la periferia de Eurasia hacia sus regiones centrales y del sur, especialmente Europa central y oriental, el centro de Asia y el sudeste asiático, como también hacia el norte y centro de África. 
El Próximo Oriente en términos mediterráneos, es un peldaño en el desarrollo estratégico del Pentágono, un escalón importante, pero sólo un escalón.
El tema es vasto, pero es preciso entender que el rol de Israel en este complejo panorama es significativo: por supuesto dentro del rol y espacio que le corresponde, no más.
De acuerdo a la lógica dominante, Israel se acopla a este diagrama o comienza a ser molesta, éstos son a grandes líneas los planes de Norteamérica.
El esquema de acción en lo posible será de políticas blandas, alianzas no beligerantes y marcos de diálogos para acuerdos.
Las guerras asimétricas también deben quedar claro, no se pueden enfrentar sólo militarmente, exigen acciones políticas complementarias.
Israel parece aparentemente estar alejada de entender esta situación y la intransigencia la puede dejar entrampada, perdiendo el estatus de socio confiable privilegiado de Estados Unidos y pasar, aunque no parezca probable en el corto plazo, a categoría “subprime”.
Los antropólogos dicen que los mitos con sus metáforas, explican situaciones y procesos, dándoles sentido.
El Mito del Laberinto, habla del encierro para buscarse a sí mismo en una proeza particular.
La proeza del héroe que en su desafío, se atreve a enfrentar el misterio del destino, para encontrar el camino y visualizar el futuro devenir, alcanzando amplitud de miras inusitadas.
Sale del encierro gracias al coraje de desafiarse a sí mismo en esa búsqueda.
Pero salen los que tienen ese coraje que los convierte en héroes enfrentando el destino, de lo contrario, la suerte es otra, es el deambular perdidos en ese laberinto por siempre.
Esperemos de esta nueva formación gubernamental, coraje y responsabilidad para la apertura hacia horizontes viables por caminos lúcidos y racionales.
Porque hablando de mitos, tenemos el de Narciso, que cautivado por su propia imagen, no tuvo espacio para otros horizontes.
Contemplándose, quedó pendiente de ella, como única realidad existente y el final es ya conocido.
Trabajemos para encontrar uno mejor para nosotros, que presuponga el verdadero bienestar de las mayorías.

-Michael T. Clare, “Blood and oil: the dangers and consequences of America's growing dependency on imported petroleum”
_Lind, Nightingale, Schmitt, Sutton y Wilson, “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”, Marine Corps Gazette, octubre de 1989. 
-Thomas X. Hammes, “The Evolution of War: The Fourth Generation”, Marine Corps Gazette, septiembre de 1994 
-F. William Engdah,”America's Geopolitical Nightmare and Eurasian Strategic Energy Arrangements”2005
_ Stephanie Hanson,”U.S. African Command” 2006
- Goldwater-Nichols,”Defense Reorganization Act Restructures US Military” 2006



(Versión en español)
Original: Instituto Campos Abiertos – Israel
Supervisión de edición en español: Graciela Nutkiewicz


*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Haifa). Presidente del Instituto Campos Abiertos.

Raúl

Es relativamente fácil contabilizar los desaciertos de la gestión gubernamental de Raúl Ricardo Alfonsín. Casi tan sencillo como conocer los resultados de las carreras del domingo con el diario del lunes.

Menos simple resulta comprender la complejidad de esa rara epopeya; valga la tautología, aunque obvia no ociosa, dada nuestra tendencia recurrente a tratar de entender lo complejo con miradas simples y lineales. La construcción de una democracia - no sólo de sus instituciones formales sino también de su puesta en valor, como cultura ciudadana - en una nación devastada y enajenada tenía riesgos y vulnerabilidades enormes. Algunos fueron subestimados por el equipo de gobierno, otros fueron relativizados por una oposición hostil, la mayoría fueron obliterados por una sociedad que aspiraba a resultados rápidos sin medir costos ni esfuerzos.

El paso de Alfonsín por la vida pública y por la historia política argentina excede a su paso por el gobierno. Antes, durante y después, imprimió en nuestra cultura política modelos de civismo, pluralidad, sentido del derecho, coraje frente a un partido militar vigoroso y con poder, audacia frente a las fórmulas repetidas y los comportamientos cíclicos. El legado de Alfonsín es un plexo de valores y emprendimientos únicos y originales, y esto lo saben tanto sus prosélitos como sus detractores, al punto que un inventario de sus aportes a la consolidación de la democracia argentina es, al menos por estas horas, innecesario.

Lo mío es personal, no es una crónica, no una biografía. Ni siquiera un homenaje. Casi, casi, es un reproche: Por qué no supo o no pudo incluir en ese legado otros liderazgos que tuvieran su estatura moral y su instinto. Tal vez, simplemente, no se podía. Es una patología común a nuestras vulnerables democracias latinoeamericanas. Lo cierto es que, en pocas horas o días, sé que voy a padecer una desoladora sensación de orfandad.

Descuento el honrado y profundo cariño con que lo despedirán sus seguidores, incluyéndome.

Sólo espero que sus detractores sepan despedirlo con respeto y un mínimo de gratitud.

De sus enemigos, no espero nada. Supo ganárselos.

 

Capitán Aldo Garrido (QEPD) ¿Héroe, o víctima de una negligencia crónica ?

El teniente Aldo Garrido, asesinado a mansalva por dos o tres rateros y ascendido post mortem a un grado superior de la Policía Bonaerense, es también víctima de un sistema obsoleto, ineficiente y corrupto.¿Quiénes más son responsables indirectos, institucionales, de su absurda inmolación?Antes de responder, les pido que lean algunas reflexiones, forzozamente sintetizadas.

1. Todo agente u operador de seguridad - policía, bombero, socorrista, médico de emergencias, médico en guerras o epidemias, operador de defensa civil, agente de tránsito, rescatista, guardavidas - es formado en todo el mundo con un protocolo de intervención cuya PRIMERA regla es "Proteja su propia seguridad". En todo el mundo, menos aquí, salvo unas pocas agencias. La regla tiene una fundamentación simple: Si usted resulta afectado, inmovilizado, herido o muerto no puede ayudar a nadie.

2. El área de Violencia Institucional del Centro de Estudios Legales y Sociales, que dirige el doctor Gustavo Palmieri, investiga y publica regularmente los casos de policías muertos en enfrentamientos desde hace casi 15 años. Las conclusiones - jamás objetadas - son dramáticas: Indefensión, intervenciones ilógicas en relaciones de fuerza claramente desventajosas, agentes muertos estando francos de servicio armados y uniformados, escasa o nula instrucción y práctica en el uso de armas, rutinas de patrullaje obsoletas y de altísima exposición, muerte de rehenes o transeúntes en tiroteos evitables.

3. La crónica de intervenciones desatinadas que costaron la vida de suboficiales y, en algunos casos, de altos oficiales, además de transeúntes o rehenes, a lo largo de más de dos décadas nunca ha servido para revisar y actualizar los protocolos, reformar las arcaicas y verticales organizaciones policiales, promover la agremiación de los policías, modernizar la formación, descentralizar los presupuestos operativos, gerenciar programas de mejora de la calidad. Nada. Solamente quedaron como anécdotas trágicas. Pero cuando la tragedia se banal iza deja de ser tragedia, deja de ser problema. Se arregla con una medalla y algunos aullidos contra los derechos humanos, y la reivindicación de "más poder de fuego, más facultades", etc. Se reclaman "facultades" cuando lo que se necesitan son "habilidades", que no es lo mismo ¿Recuerdan el grotesco "metan bala" de Ruckauf? Bueno, empezaron a caer policías como moscas. Es que los delincuentes también escucharon la exhortación del entonces gobernador.

4. Las intervenciones desatinadas con resultado trágico - y esto es lo que ni los policías, ni los funcionarios, ni los Blumbergs de turno quieren ver - tienen para los expertos un modelo repetitivo, del cual con absoluta contumacia nadie parece querer tomar nota: Entrar solo y descuidado a un local en lugar de pedir refuerzos y esperar desde un punto panorámico protegido, no observar todas las entradas y salidas, no usar chaleco, responder apresuradamente al fuego, revelar la posición, etc. La cultura organizacional que sustenta estas intervenciones también responde a un modelo repetitivo: Selección cero, formación cero, protocolo cero, rutina y escala de uso de la fuerza cero. Policías muertos, muchos. Cambio, cero.

5. Cuando el licenciado Marcelo Saín fue subsecretario de Seguridad en la Provincia y quiso avanzar en estas cuestiones perdió el puesto. "Je - decían los 'porongas' de la bonaerense - a ver si este universitario nos va a venir a enseñar a nosotros cómo trabajar". El poder político sigue desertando de hacerse cargo de las estrategias integrales de seguridad, sigue otorgándoles autonomía a las corporaciones policiales, y mientras tanto simula ocuparse corriendo detrás de las demandas inútiles y escandalosas de cierta "opinión pública", descuajeringando el Código Penal y desfinanciando los programas de prevención situacional y social.

6. Por supuesto, cuando un policía es asesinado, la opinión pública sale a pedir mano dura y la proclamación informal del estado de sitio. Lo hacen, muchos, de buena fe. No hay nadie que les diga que eso es inútil.

7. A la opinión pública conviene no mentirle diciendo que el homicidio del capitán Garrido está "resuelto y esclarecido" porque identificaron y detuvieron a los presuntos homicidas. Lo que no está resuelto y no está esclarecido es por qué este buen policía cayó en una trampa mortal. Hasta que no se indague esto y se modifique lo que debe modificarse, los policías de calle seguirán siendo blancos móviles, inermes, vulnerables. Y los ciudadanos de las cercanías, tambén.Garrido merece más que una medalla póstuma. Merece una reforma integral que lleve su nombre.

Daniel Pennac

Entrevista Daniel Pennac
El escritor francés acaba de publicar en Europa
LANACION.com ADN Cultura Sábado 4 de octubre de 2008