Bibi Netanyahu; entre sumas que restan y el misterio del laberinto. Por Carlos Braverman

Edgar Morín en su texto “Política para la Humanidad”, expresó lo paradójico que resulta observar ciertas contradicciones.
La política, dice éste, está consagrada a gestionar la vida y el desarrollo de los hombres y de los pueblos y a asegurar su progreso y logros.
Sin embargo, comenta, es en ella donde suelen decirse las más desacertadas expresiones y los actos más contradictorios con la naturaleza de ésta.
El caso que ofrece Bibi Netanyahu y la nueva formación gubernamental, parece aportar un buen ejemplo.
Netanyahu ha logrado un éxito sin precedentes en las matemáticas, ejecutar la sorprendente operación aritmética de las sumas que restan.
Ante la negativa de Livni, de conformar una coalición nacional, opta sin remedio por la constitución de un gabinete de derecha-derecha.
Este alineamiento resta categóricamente en el plano internacional, del que tanto depende Israel.
Ante la torva mirada de Washington frente a las declaraciones del entonces candidato a canciller, Avigdor Liberman, opositor radical a la fórmula de “dos estados para dos pueblos”, busca una salida avezada y continúan así, las sumas que restan.
Dispuesto a no terminar asfixiado por el abrazo del oso, que Liberman representa, comienza negociaciones secretas con Ehud Barak.
Este otro genial matemático, llega a lo inhallable, la cuadratura del círculo.
Para convencer a su formación de entrar en tan molesta coalición no son suficientes los cinco ministerios, a los que se hace acreedor, debe justificar estar en un gabinete supuestamente contrario a los postulados laboristas y con una hegemonía radicalmente derechista.
Argumenta haber llegado a las negociaciones con el propósito de defender La Conferencia de Annápolis y La Hoja de Ruta.
Justamente lo que en su discurso de toma de posesión del cargo, el ahora canciller Liberman, da por muerto, sin objeción del jefe del ejecutivo.
Los cálculos de Bibi, fueron equívocos, el glamour y la seducción de Barak, no fueron eficaces para embelesar a un Departamento de Estado enfurecido.
Clinton primero y luego el enviado especial George Mitchell, fueron claros, dos estados y el fin de los asentamientos en Cisjordania.
Obama mientras tanto, convoca a Charles Freeman, para ocupar la Dirección del Consejo Nacional de Inteligencia.
Político veterano con treinta años de experiencia, se enfrenta a las presiones de AIPAC 
(American Israel Public Affairs Committee), organismo que vela por los intereses de Israel en la zona.
Freeman sortea la presión de AIPAC, su visión no es de ayuda incondicional a Israel y el Comité tambalea. Las posiciones de Freeman no son la única causa.
AIPAC tiene ahora competidor, se llama “Street J” (Jewish), jóvenes de pulcra formación, muchos con posgrados en nuestras universidades, pertenecen al ala más progresista del Partido Demócrata.
Otro mérito no menor, acompañaron al entonces Senador Obama, desde el comienzo de su candidatura.
Lo hicieron frente a la evidencia del menor porcentaje en intención de voto, por parte de la población judía hacia un candidato demócrata: cincuenta y siete por ciento.
Marcado contraste con el superior al setenta por ciento que tuvo Carter y el mayor al ochenta por ciento de Bill Clinton.
Este nuevo grupo, con actividades semejantes a AIPAC, tiene una visión distinta, no incondicional a los gobiernos de turno en Israel.
Buscan la integridad y seguridad de Israel, pero son geopolíticamente pragmáticos y más proclives a atender la nueva orientación norteamericana en temas de su competencia.
Los aires también cambian en este sentido, son épocas de sorpresas.
Ante las vagas y no claras expresiones de Netanyahu sobre una “paz económica” con los palestinos y la negativa de pronunciarse por la existencia de dos estados, el presidente Obama aseguró que lo que Liberman da por muerto, para su país es un instrumento estratégico al que no renunciará.
El conflicto es ahora frontal, amenaza con ser no coyuntural, si Netanyahu continúa con sus posturas.
Encrucijada difícil, para alguien que conoce perfectamente los mecanismos del poder.
Netanyahu no puede aceptar los requisitos de Washington sin romper su coalición y por ahora Livni, no parece colaborar mucho.
La política geoestratégica de Washington no experimentará cambios, sí estilos, pero los intereses vitales seguirán firmes.
Tengamos en cuenta ciertas actitudes del nuevo presidente: las declaraciones en Turquía, Guantánamo, las apreciaciones sobre el Islam, etc.
Es necesario estabilizar el Oriente Próximo, pues el eje ya no está aquí, es sí vital en la cadena estratégica, por lo cual resulta fundamental disminuir ciertas hipótesis de conflicto, para lo cual son necesarios cambios concretos en la región.
En ese sentido la existencia de un Estado Palestino, resta presencia y espacio a actores como Hamas e Hizballah, artífices de conflictos de cuarta generación y carácter transnacional.
Permite además profundizar la puja con Irán, por el control del Golfo Pérsico y la hegemonía regional, que concentra sólo en Arabia Saudí, el veinticuatro por ciento de la reserva petrolera mundial.
Facilita también prever medidas a un futuro no muy lejano sobre la evolución del conflicto Iraquí, frente a una retirada que termine en una fragmentación territorial y la potencial presencia de un segundo estado Chií en la zona.
El papel Saudí en esto, es sumamente relevante, ya que frente a Irán en la lucha por la hegemonía regional, es el mejor posicionado.
En términos más específicos y ampliando el panorama de la geopolítica norteamericana, podemos decir que los puntos centrales son Irak y Afganistán. 
Los estrategas se preocupan por el espacio amplio de las hipótesis de conflicto futuras a nivel mundial y en ese sentido la lucha por los recursos vitales, domina el escenario.
El Pentágono prestigia los cinco comandos mundiales centralizados en el Central Command (Centcom) para proteger el petróleo del Golfo Pérsico y el más reciente Africa Command (Africom).
El Centcom, es creación de Reagan y responde a lo que se denomina el arco de conflictividad, que se despliega desde América del Sur, pasando por el norte de África, Oriente Medio, Asia Central hasta Indochina. 
La categorización, responde en términos geopolíticos, a las evaluaciones de inestabilidad de las zonas.
En la protección del Golfo Pérsico, tiene un papel fundamental el mismo Centcom y también el África Command (Africom).
Existen otros dispositivos operativos como:
.El Comando Europeo (USEUCOM), en Alemania.
.El Comando del Pacífico (USPACOM) situado en Hawai.
.El Comando del Sur (USSOUTHCOM) con centro en Miami. 
.El Comando del Norte (USNORTHCOM) en EEUU, con acción interna en todo su territorio.
Este dispositivo militar geoestratégico, cuenta con alrededor de mil bases alrededor del mundo.
Rusia es visualizada como una adversaria jerarquizada, pues busca dominar el transporte de energía, especialmente hacia Europa. 
Temen que su aumento en el control de la distribución del petróleo y del gas en Eurasia, debilite la influencia estadounidense en la región. 
La doctrina Carter, sostiene que los EE.UU. no pueden admitir que una potencia hostil obtenga en un momento dado, el control del flujo petrolífero en el Golfo Pérsico.
Así se entiende el despliegue militar en Irak y Afganistán, como el traslado de fuerzas de la periferia de Eurasia hacia sus regiones centrales y del sur, especialmente Europa central y oriental, el centro de Asia y el sudeste asiático, como también hacia el norte y centro de África. 
El Próximo Oriente en términos mediterráneos, es un peldaño en el desarrollo estratégico del Pentágono, un escalón importante, pero sólo un escalón.
El tema es vasto, pero es preciso entender que el rol de Israel en este complejo panorama es significativo: por supuesto dentro del rol y espacio que le corresponde, no más.
De acuerdo a la lógica dominante, Israel se acopla a este diagrama o comienza a ser molesta, éstos son a grandes líneas los planes de Norteamérica.
El esquema de acción en lo posible será de políticas blandas, alianzas no beligerantes y marcos de diálogos para acuerdos.
Las guerras asimétricas también deben quedar claro, no se pueden enfrentar sólo militarmente, exigen acciones políticas complementarias.
Israel parece aparentemente estar alejada de entender esta situación y la intransigencia la puede dejar entrampada, perdiendo el estatus de socio confiable privilegiado de Estados Unidos y pasar, aunque no parezca probable en el corto plazo, a categoría “subprime”.
Los antropólogos dicen que los mitos con sus metáforas, explican situaciones y procesos, dándoles sentido.
El Mito del Laberinto, habla del encierro para buscarse a sí mismo en una proeza particular.
La proeza del héroe que en su desafío, se atreve a enfrentar el misterio del destino, para encontrar el camino y visualizar el futuro devenir, alcanzando amplitud de miras inusitadas.
Sale del encierro gracias al coraje de desafiarse a sí mismo en esa búsqueda.
Pero salen los que tienen ese coraje que los convierte en héroes enfrentando el destino, de lo contrario, la suerte es otra, es el deambular perdidos en ese laberinto por siempre.
Esperemos de esta nueva formación gubernamental, coraje y responsabilidad para la apertura hacia horizontes viables por caminos lúcidos y racionales.
Porque hablando de mitos, tenemos el de Narciso, que cautivado por su propia imagen, no tuvo espacio para otros horizontes.
Contemplándose, quedó pendiente de ella, como única realidad existente y el final es ya conocido.
Trabajemos para encontrar uno mejor para nosotros, que presuponga el verdadero bienestar de las mayorías.

-Michael T. Clare, “Blood and oil: the dangers and consequences of America's growing dependency on imported petroleum”
_Lind, Nightingale, Schmitt, Sutton y Wilson, “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”, Marine Corps Gazette, octubre de 1989. 
-Thomas X. Hammes, “The Evolution of War: The Fourth Generation”, Marine Corps Gazette, septiembre de 1994 
-F. William Engdah,”America's Geopolitical Nightmare and Eurasian Strategic Energy Arrangements”2005
_ Stephanie Hanson,”U.S. African Command” 2006
- Goldwater-Nichols,”Defense Reorganization Act Restructures US Military” 2006



(Versión en español)
Original: Instituto Campos Abiertos – Israel
Supervisión de edición en español: Graciela Nutkiewicz


*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judéo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Haifa). Presidente del Instituto Campos Abiertos.

Raúl

Es relativamente fácil contabilizar los desaciertos de la gestión gubernamental de Raúl Ricardo Alfonsín. Casi tan sencillo como conocer los resultados de las carreras del domingo con el diario del lunes.

Menos simple resulta comprender la complejidad de esa rara epopeya; valga la tautología, aunque obvia no ociosa, dada nuestra tendencia recurrente a tratar de entender lo complejo con miradas simples y lineales. La construcción de una democracia - no sólo de sus instituciones formales sino también de su puesta en valor, como cultura ciudadana - en una nación devastada y enajenada tenía riesgos y vulnerabilidades enormes. Algunos fueron subestimados por el equipo de gobierno, otros fueron relativizados por una oposición hostil, la mayoría fueron obliterados por una sociedad que aspiraba a resultados rápidos sin medir costos ni esfuerzos.

El paso de Alfonsín por la vida pública y por la historia política argentina excede a su paso por el gobierno. Antes, durante y después, imprimió en nuestra cultura política modelos de civismo, pluralidad, sentido del derecho, coraje frente a un partido militar vigoroso y con poder, audacia frente a las fórmulas repetidas y los comportamientos cíclicos. El legado de Alfonsín es un plexo de valores y emprendimientos únicos y originales, y esto lo saben tanto sus prosélitos como sus detractores, al punto que un inventario de sus aportes a la consolidación de la democracia argentina es, al menos por estas horas, innecesario.

Lo mío es personal, no es una crónica, no una biografía. Ni siquiera un homenaje. Casi, casi, es un reproche: Por qué no supo o no pudo incluir en ese legado otros liderazgos que tuvieran su estatura moral y su instinto. Tal vez, simplemente, no se podía. Es una patología común a nuestras vulnerables democracias latinoeamericanas. Lo cierto es que, en pocas horas o días, sé que voy a padecer una desoladora sensación de orfandad.

Descuento el honrado y profundo cariño con que lo despedirán sus seguidores, incluyéndome.

Sólo espero que sus detractores sepan despedirlo con respeto y un mínimo de gratitud.

De sus enemigos, no espero nada. Supo ganárselos.

 

Capitán Aldo Garrido (QEPD) ¿Héroe, o víctima de una negligencia crónica ?

El teniente Aldo Garrido, asesinado a mansalva por dos o tres rateros y ascendido post mortem a un grado superior de la Policía Bonaerense, es también víctima de un sistema obsoleto, ineficiente y corrupto.¿Quiénes más son responsables indirectos, institucionales, de su absurda inmolación?Antes de responder, les pido que lean algunas reflexiones, forzozamente sintetizadas.

1. Todo agente u operador de seguridad - policía, bombero, socorrista, médico de emergencias, médico en guerras o epidemias, operador de defensa civil, agente de tránsito, rescatista, guardavidas - es formado en todo el mundo con un protocolo de intervención cuya PRIMERA regla es "Proteja su propia seguridad". En todo el mundo, menos aquí, salvo unas pocas agencias. La regla tiene una fundamentación simple: Si usted resulta afectado, inmovilizado, herido o muerto no puede ayudar a nadie.

2. El área de Violencia Institucional del Centro de Estudios Legales y Sociales, que dirige el doctor Gustavo Palmieri, investiga y publica regularmente los casos de policías muertos en enfrentamientos desde hace casi 15 años. Las conclusiones - jamás objetadas - son dramáticas: Indefensión, intervenciones ilógicas en relaciones de fuerza claramente desventajosas, agentes muertos estando francos de servicio armados y uniformados, escasa o nula instrucción y práctica en el uso de armas, rutinas de patrullaje obsoletas y de altísima exposición, muerte de rehenes o transeúntes en tiroteos evitables.

3. La crónica de intervenciones desatinadas que costaron la vida de suboficiales y, en algunos casos, de altos oficiales, además de transeúntes o rehenes, a lo largo de más de dos décadas nunca ha servido para revisar y actualizar los protocolos, reformar las arcaicas y verticales organizaciones policiales, promover la agremiación de los policías, modernizar la formación, descentralizar los presupuestos operativos, gerenciar programas de mejora de la calidad. Nada. Solamente quedaron como anécdotas trágicas. Pero cuando la tragedia se banal iza deja de ser tragedia, deja de ser problema. Se arregla con una medalla y algunos aullidos contra los derechos humanos, y la reivindicación de "más poder de fuego, más facultades", etc. Se reclaman "facultades" cuando lo que se necesitan son "habilidades", que no es lo mismo ¿Recuerdan el grotesco "metan bala" de Ruckauf? Bueno, empezaron a caer policías como moscas. Es que los delincuentes también escucharon la exhortación del entonces gobernador.

4. Las intervenciones desatinadas con resultado trágico - y esto es lo que ni los policías, ni los funcionarios, ni los Blumbergs de turno quieren ver - tienen para los expertos un modelo repetitivo, del cual con absoluta contumacia nadie parece querer tomar nota: Entrar solo y descuidado a un local en lugar de pedir refuerzos y esperar desde un punto panorámico protegido, no observar todas las entradas y salidas, no usar chaleco, responder apresuradamente al fuego, revelar la posición, etc. La cultura organizacional que sustenta estas intervenciones también responde a un modelo repetitivo: Selección cero, formación cero, protocolo cero, rutina y escala de uso de la fuerza cero. Policías muertos, muchos. Cambio, cero.

5. Cuando el licenciado Marcelo Saín fue subsecretario de Seguridad en la Provincia y quiso avanzar en estas cuestiones perdió el puesto. "Je - decían los 'porongas' de la bonaerense - a ver si este universitario nos va a venir a enseñar a nosotros cómo trabajar". El poder político sigue desertando de hacerse cargo de las estrategias integrales de seguridad, sigue otorgándoles autonomía a las corporaciones policiales, y mientras tanto simula ocuparse corriendo detrás de las demandas inútiles y escandalosas de cierta "opinión pública", descuajeringando el Código Penal y desfinanciando los programas de prevención situacional y social.

6. Por supuesto, cuando un policía es asesinado, la opinión pública sale a pedir mano dura y la proclamación informal del estado de sitio. Lo hacen, muchos, de buena fe. No hay nadie que les diga que eso es inútil.

7. A la opinión pública conviene no mentirle diciendo que el homicidio del capitán Garrido está "resuelto y esclarecido" porque identificaron y detuvieron a los presuntos homicidas. Lo que no está resuelto y no está esclarecido es por qué este buen policía cayó en una trampa mortal. Hasta que no se indague esto y se modifique lo que debe modificarse, los policías de calle seguirán siendo blancos móviles, inermes, vulnerables. Y los ciudadanos de las cercanías, tambén.Garrido merece más que una medalla póstuma. Merece una reforma integral que lleve su nombre.

Daniel Pennac

Entrevista Daniel Pennac
El escritor francés acaba de publicar en Europa
LANACION.com ADN Cultura Sábado 4 de octubre de 2008

Excelente artículo de Leandro Despouy sobre la Directiva de Retorno de la Unión Europea

Subversión, una palabra maldita?

La última – y la más atroz – de las dictaduras argentinas ha dejado también una huella lingüística en nuestra cultura.
Como si no fuera suficiente el horror de los desaparecidos, de los torturados, de los bebés robados y del saqueo económico, hay un legado más sutil, infiltrado en el lenguaje; las palabras subversión y subversivo resultan impronunciables.
Son palabras que en el léxico cotidiano, así como en el político y el periodístico, únicamente remiten a la denotación sesgada de la dictadura: el subversivo es un delincuente que debe ser exterminado, y junto con él todos los que se le parecen por adhesión, por afinidad de lectura, por omisión, por indiferencia, por estar involuntariamente en la línea de fuego o por representar algún obstáculo, real o supuesto, a la acción predadora del estado terrorista.
A casi 25 años de la aún frágil democracia, esa impronta semántica parece perdurar: la noción de subversión sólo remite al anatema dictatorial. Sirve, incluso, para darle cierta textura a falacias jurídicas, históricas y morales como la llamada “teoría de los dos demonios”, aunque no es éste el asunto que me ocupa aquí. Sí me ocupa que, en resumidas cuentas, subversión resulta en nuestro medio una palabra regalada a la reacción…o al miedo.
No había pensado seriamente en esta cuestión hasta que me topé con la noticia de que el filósofo francés André Glucksmann y su hijo Raphaël acaban de publicar “Mayo del 68, por la subversión permanente”. No leí el libro aún, sólo algunos extractos y comentarios del propio Raphaël Glucksmann, periodista y fundador de la Asociación Estudios sin Fronteras, pero el título mismo me disparó esta reflexión.
Subversión es un concepto superior y anterior al asalto al poder, al empleo de la violencia revolucionaria, e incluso más amplio, tal vez, que la idea de una militancia cultural contestataria y crítica, inteligentemente acuñada por Antonio Gramsci.
Subversión es, primero, la enérgica puesta en cuestión de los paradigmas dominantes. Y con ello, la rebelión contra las tres formas básicas – en general juntas y combinadas – que instrumentan ese dominio: El autoritarismo, el dogmatismo, y la tradición como única fuente legítima de verdad.
El autoritarismo puede estar presente en el discurso institucional y las políticas públicas aún en los estados democráticos, no es patrimonio de las dictaduras militares ni de las dictaduras de partido. Las políticas de seguridad interior – desde el espionaje hasta el gatillo fácil -, el uso abusivo de mayorías automáticas en las legislaturas y en el poder judicial, la expulsión de inmigrantes, la tolerancia o pasividad ante distintas formas de discriminación, son apenas algunos entre los muchos rostros del autoritarismo.
El dogmatismo y la tradición no sólo habitan en el poder formal y en la religión del Estado, sino también en las burocracias, en las universidades, en los medios de información, en las artes y los espectáculos, en la salud pública y el ejercicio de la medicina, en las políticas de salud reproductiva, en las doctrinas y prácticas del derecho y la magistratura, en el comportamiento espontáneo – especialmente en las formas más individualistas e insolidarias – de los ciudadanos.
A veces los dogmas son dominantes en algunos de estos espacios públicos, y otras veces permanecen en estado larval, pero, en todo caso, resulta significativo que ante la irrupción de algún fenómeno amenazante o peligroso, las visiones más reaccionarias brotan como una urticaria en las pieles de quienes se mostraban más progresistas.
Ser subversivo, hoy, es – siguiendo a los Glucksmann – una actitud mental, una conciencia crítica y una convicción contra el autoritarismo y sus fuentes argumentales y también, agrego yo, contra todas las formas de exclusión. Ser subversivo es demandar incesantemente más democracia, más transparencia, más rigor científico e histórico en los debates, más justicia real y efectiva, más solidaridad, más pluralidad, más compromiso social y ambiental.
Se puede y se debe – porque es lícito y también inevitable – adoptar una actitud subversiva en la investigación científica, histórica y antropológica, en la reconstrucción de la memoria, en el arte y la poesía, entendiendo a la vez que tal actitud no es una etiqueta, una mera connotación adjetiva de la acción, una bandería grupal, sino un compromiso sustantivo con lo que Paulo Freire llamó hominización. En tal sentido, sólo una convicción subversiva abrirá la posibilidad a cada humano de salir de su condición de objeto para elevarse a la de sujeto.
Vale considerar, pari passu, el dato de que hoy sólo son vistos como subversivos, en muchas partes, los activistas antisistema. Convengamos en que no lo son; por el contrario, esas minorías violentas, desde su propia defensa de una visión única y dogmática y desde su rechazo a todo pensamiento que no sea el propio, son reaccionarias.
Me permito agregar a esta reflexión – incompleta y apenas insinuada - un párrafo de Edgar Morin (1969) en el que convoca a “oponer resistencia a los falsos mesías, vivir el tiempo de la larga andadura…, pero vivir también esos fugaces éxtasis de la Historia, instantes de liberación inolvidables…torbellinos de fraternidad, de libertad y de comunicación”

Eddie Abramovich

Al rescate de las cartas

Muchas veces las cartas son más que hitos en el trayecto; son el trayecto mismo.
Decir, expresar, ponerle palabras a los sueños, los deseos y las pasiones, es también verificarlos y rediseñarlos. La carta ha sido desde tiempo prebíblicos un apreciado género literario. Como nos pasa muchas veces - cotidianamente - confundimos el objeto con su envase y lo llamamos email, pero el correo electrónico no es el mensaje, ni siquiera el medio - y aún si lo fuera, no hay por qué tomarse a Macluhan al pie de la letra -, sino apenas el soporte físico de la carta.
Decimos "te mando un mail" como antes decíamos "te pego un tubazo" - cosa que, oída por algún hispanohablante de afuera del Río de la Plata, sonaba a una violenta amenaza - pero en realidad hablamos o escribimos, siempre.
Por eso creo que es buen ejercicio escribirse cartas, verdaderas cartas, como si repitiéramos el rito de doblarlas luego, meterlas en un sobre y ponerlas en el correo o el buzón o, cuando es más temprano en la vida, sobre el pupitre o entre los libros del destinatario, que está ahí cerca y tan lejos a la vez.
Escribirse cartas-cartas, pensando que el único tiempo que el ciberespacio reduce es el del transporte, pero no obligadamente el de la escritura, ya sea del mensaje original o de su respuesta.
La carta, la epístola, al recobrar su potencia polimorfa de confesión reflexiva, de pasión desencriptada, de texto abierto - texto, textura, tejido - sobre el cual el otro reescribe y reteje y agrega otros colores y nuevas hebras, tiene además del valor del testimonio, de lo que queda escrito y atesorado, y así puede ser más tarde otra vez descifrado y resignificado.
La carta, como el libro, tiene superficie, tiene perfume, sensualidad.
Como el grafito en la pared del subte, la carta tiene un autor y un destinatario, pero muchísimos testigos potenciales. Es cierto que, a diferencia del brevísimo y anónimo grito de ingenio, de bronca o de ingenua obscenidad que se derrama sobre el muro, la carta es en principio privada, secreta. Sin embargo, se escribe, se lee y se guarda, como si fuera inevitable la presencia de un testigo invisible, un amigo guardián, primero impersonal como un duende pero alguna vez con la cara y la voz de un aliado en la confesión.
Quizás inconscientemente queremos perdurar y trascender en la carta y por eso, cuando escribimos, lo hacemos no sólo para el destinatario sino para nosotros mismos; estamos construyendo un legado. Podrá disolverse en el tiempo o desvanecerse en las circunstancias pero hoy, ahora, cuando escribimos, es un legado para siempre, hecho con menos arte pero no con menos celo que el que pone un artista al extraer una estatua de la piedra.
¿Qué legados podría arrojar una carta?
Dejar constancia, por ejemplo, de un encuentro azaroso que se transformó en un vínculo rico, íntimo y profundo.
De una hoja que el viento arrojó a la ventana de uno y que trajo, escondida, una flor preciosa.
De unos corazones semicerrados y aún anegados de recuerdos imborrables, de anhelos vagos y a veces ambiguos, de dolores vigentes y esperanzas difusas, que pudieron abrirse al soplo de otros vientos, al enlace de conexiones nuevas e inolvidables.
Del descubrmiento de lo olvidado o renegado, y su puesta en valor y en vigencia. La carta como una barca que cruza el Río Leteo en dirección contraria.
De que esa noche de cuerpos abrazados y pieles abrasadas y sudores mezclados fue tan inolvidable que merece el pasaje de las sábanas al papel.
De que uno puede sentir, visceralmente, que lo que podría haber pasado por una anécdota fugaz devino en un nuevo capítulo de esa novela apenas esbozada.
Dejar para los hijos el registro de ese amor absoluto e incondicional que uno siente hacia ellos para siempre.
Develar para los cronistas futuros esos miedos inconfesables, esas rabias políticamente incorrectas, aquella dulce borrachera trasnochada que no tuvo testigos, la lista de los traidores y de los mediocres que era imposible denunciar en su momento, la larga lista de disculpas a todos a los que lastimamos y a quienes nuestro orgullo empacado nos impidió pedirles perdón, la lista de los amores que no nos animamos a amar.
Entonces uno siente que las cartas, libradas de la presión y de la urgencia de la mensajería instantánea, pueden traernos también, de un modo diferente, las noticias del día, la crónica de esa cotidianeidad que deja de ser simple rutina en el mismo momento en que se convierte en palabras para ser leídas y guardadas.
Sí, estas cartas no son sólo mapas, sino hitos, baldosas de un trayecto. Un camino compartido. Un huella abierta entre dos y transitada de a muchos.